
Magnitud e intensidad son dos términos frecuentemente confundidos y, si bien es cierto tienen una íntima relación, su significado es completamente distinto. La magnitud es utilizada para cuantificar el tamaño de los sismos (mide la energía liberada durante la ruptura de una falla) mientras que la intensidad es una descripción cualitativa de los efectos de los sismos (en ella intervienen la percepción de las personas así como los daños materiales y económicos sufridos a causa del evento).
La magnitud de un sismo, al ser una medida de energía, es objetiva: Si ocurre una ruptura en Limón, la magnitud es la misma si se calcula desde Limón o desde San José. La intensidad, por el contrario, es subjetiva: el sismo en Limón no siente de la misma forma ni tiene los mismos efectos en la zona de ruptura, San José o Tokio. Generalmente la intensidad incrementa con la cercanía al epicentro y se toman en cuenta, para su evaluación, una serie de observaciones tales como: personas durmiendo que despiertan, caída de objetos, desplazamiento de muebles, daños en infraestructura y colapso.
Numerosas escalas de intensidad han sido empleadas a lo largo la historia. A finales del siglo XIX, el vulcanólogo italiano G. Mercalli se basó en trabajos anteriores para definir la suya. Esta, al igual que sus predecesoras, fue modificada a repetición. Entre dichas modificaciones se destaca su expansión a 12 posibles grados de intensidad. La escala de intensidad Mercalli Modificada se usa actualmente en los Estados Unidos y en nuestro país.
Informacion de RSN y de NCYUH

